Para Carlos Augusto Albán Vela, comunicar es mucho más que transmitir un mensaje. Es poner algo en común, generar movimiento, provocar una acción y, sobre todo, transformar. Esa convicción la ha construido a lo largo de su trayectoria como comunicador social, entre el sector público y el privado, y hoy hace parte de la manera en que asume el reto de liderar la Oficina de Comunicaciones de la Alcaldía de Cali.
Es un convencido del poder de la tecnología para abrir nuevos caminos de comunicación, pero también de que, entre tantas pantallas, no se puede perder lo esencial: escuchar, mirar a los ojos, sentir al otro y recordar que somos humanos comunicando para humanos. Detrás del jefe hay, además, un hombre que disfruta viajar solo, conocer otras culturas y descubrir nuevas formas de entender la vida.
Vivió casi un año en Australia y llegó hasta Tailandia para estudiar meditación, una práctica que realiza todos los días y que considera una especie de medicina. Lee, escribe y está próximo a publicar Servir para Vivir, un libro en el que reflexiona sobre la importancia de servir a los demás. Le gusta la salsa, bailar, una buena comida tradicional y caminar por el campo. Y aunque nunca fue amante del deporte, hoy también disfruta ir al gimnasio.
Su manera de ver la vida tiene raíces profundas en su familia. Recuerda a su madre, servicial, alegre, amorosa y exigente, como uno de sus mayores ejemplos. Habla de su hijo, un profesional de 30 años que trabaja en UNICEF en Washington, como “el amor de su vida”, y de su padre, profesor jubilado y amante de la política y las noticias, con quien aún disfruta conversar alrededor de una comida.
Quizás por eso, cuando habla de felicidad, no piensa en grandes fórmulas: para él, ser feliz consiste en no esperar nada de nadie, porque cuando se aprende a vivir sin expectativas, cada cosa que llega se convierte en un motivo para agradecer. Hay una canción que resume buena parte de lo que quiere ser: Vengo a ofrecer mi corazón, de Fito Páez.
Y quizá allí también esté la respuesta a por qué se reconoce como alguien “bacano”: porque procura mirar a todos por igual, sin importar el dinero, la apariencia o la posición que ocupen. “Yo siempre veo humanos”, dice. Esa misma idea atraviesa Mientras Tanto Vivo, una invitación a recordar que, incluso después de las pérdidas y los momentos difíciles, seguimos aquí. Porque la vida continúa y, mientras tanto, siempre existe una oportunidad para aprender, servir y agradecer el regalo de estar vivos.
Juan José Barrios
Subproceso de Comunicación Organizacional